Mujeresescritoras

Just another WordPress.com weblog

Archive for the ‘Uncategorized’ Category

Elizabeth Schön: En el Tránsito hacia el Asombro

Posted by Carmen Cristina Wolf en junio 13, 2016

Elizabeth Schön: En el Tránsito hacia el Asombro

Una Visita al hogar de la diosa blanca

Siempre que viene a mi memoria la poeta venezolana Elizabeth Schön, recuerdo su mirada de un azul intenso como las aguas que rodean la isla de Los Roques, en Venezuela. Mirada límpida, maneras afectuosas, el modo gentil de tratar a las personas. Y sobre todo, su profundo análisis de las cosas, desde las más pequeñas, como una semilla, una piedrecilla de río o el golpeteo sempiterno de las olas, hasta su visión metafísica del mundo y del ser.

Una tarde fuimos a visitarla los poetas Rosa Melo, Edgar Vidaurre, Ruth Vidaurre, el artista plástico Oscar Sjöstrand y yo. De la conversación y la lectura de poemas, pasamos a la música, y ella me prestó un cuatro. Al comenzar a cantar una tonada de Simón Díaz, Elizabeth comenzó a llorar silenciosamente. Nos explicó por qué. Era la primera vez que se escuchaban las notas de aquel instrumento desde que Alfredo Cortina, su esposo, falleció.

Todo el que hablaba con Elizabeth Schön, o le daba a leer sus versos, no la olvidó jamás. En el transcurso de mi vida, la lectura de su poesía se ha entrelazado íntimamente con mis vivencias. Me siento bendecida por haber tenido acceso a la obra poética de esta mujer venezolana, voz fundamental de la literatura contemporánea. He aquí los versos seleccionados para la convocatoria al Octavo Encuentro Internacional de Escritoras en homenaje a Elizabeth, que se celebró en abril del 2008:

“En el tránsito del asombro hacia otro asombro
se desborda lo inagotable del Ser”.
(Elizabeth Schön)

A continuación, me refiero a algunos recuerdos de la niñez que regresaron a mí leyendo algunos poemas de Elizabeth Schön. Memorias de nuestras vacaciones en San Esteban, cuando el verano era un vaso de oro desparramándose. Las gavetas dejaban salir la ropa ligera, pantalones cortos, franelas y sandalias. Lociones para los mosquitos, bronceadores y sombreros. De vez en cuando, si no un ventilador, un abanico. Todo un verano para bañarse en el río, leer a Julio Verne, Louise May Alcott, Salgari y los cuentos de Julio Garmendia. Comer mangos, guayabas y echar cuentos de la playa que estaba a un kilómetro, como si el mar estuviera a millas, millas y millas de distancia. Y todo allí mismo, a diez minutos de Puerto Cabello, en las orillas del río San Esteban, cubierto de la sempiterna vegetación cerrada verdinegra.

Era la felicidad completa, sin preocupaciones. Los mejores días del año, el gozo del principio del vivir, la pubertad en plena ebullición, cuando todo parece estar en una cesta, en la cual basta con querer para encontrar en ella cualquier aspiración hacia el milagro de la realidad, del brillo conque aparecen todas las cosas que nos rodean. Elizabeth Schön escribe:
“Si miras el agua miras al cielo. / Si miras al niño miras al agua y al cielo”.
Levantarse al amanecer no costaba nada, eran días distintos, de otra tinta. Lavarse la cara, ponerse el traje de baño y desayunar un vaso de leche y mantequilla derritiéndose sobre una arepa caliente. Al frente, los árboles de caimito y los chaguaramos, las matas de limón y de lechosa, los cedros centenarios y los pájaros saltando como locos entre las ramas, arrebatándose ramitas.

Nos esperaban las pelotas de goma húmedas sobre la grama. El abuelo Federico, rastrillaba las hojas con sus botas de hule que casi le llegaban a las rodillas. Bajábamos la escalinata, había llovido la noche anterior. Las hojas brillaban de punticos mojados. Cargando nuestros tobitos abríamos la reja y allí estaba: el río, “con infinito blusón deslizante”, con su borboteo como “un reguero de polen multiplicándose”, el agua, ella sola, ella misma consigo, tan cerca “y tan siempre lejos, entre la tierra y la fugaz distancia”. “El agua hace al árbol permanecer y al hombre ser fiel a su propia e innata transparencia”.

El agua del río conducía un millón de años de hojas caídas, ramas, rayos de sol y brisas influyendo en las coreografías del agua, brisas metiéndose en el agua, alborotándola. El abuelo había construido un muro para encauzar el río e impedir que las crecidas tumbaran los árboles cercanos a la orilla. El muro se había puesto verdoso y estaba corroído por el tropel de las aguas.

En el río aprendimos a confiar, no nos angustiaba su fondo, gozábamos la inquieta curiosidad de no saber las cosas que guardaba. No teníamos miedo de los peces pequeños, ni de los grandes que nos imaginábamos podían aparecer algún día, ni siquiera de la gran serpiente que tenía su casa bajo las piedras. Abuelo nos decía que ella “no hacía nada”, porque era una culebra buena. Era inofensiva como una jirafa. En el libro de Schön “Es oír la vertiente” (1973), Elizabeth publica poemas sobre la realidad del miedo, unos poemas que hasta hace muy poco me hacía daño leer:

“Hay miedo. / Ya el árbol se achica / en tanto va angostándose la luz / hasta cerrar la última hendija. … Piérdese el pulso / olvídase el ritmo / en la piel solo agotamiento / y sobre ella el aire, / el sol / el agua / el hombre, / la tierra (…)”. Estos poemas no los leí en la época en que escribí esta nota, no forman parte de estos recuerdos de la niñez, que continúan así: Y entrando en la frescura poblada de medallitas luminosas, no había otra cosa en el mundo que más nos hiciera quedarnos con nosotros mismos, flotando, meciéndonos, oyendo susurrar los ramajes. En esos instantes, el tiempo no existía, o se entretenía entre el cielo y el murmullo de la vegetación.

Podíamos creer, escuchábamos una promesa y creíamos en ella, esperábamos. Vivíamos en pulsación, en latencia, vivíamos en todas las semillas y en nuestros cuerpos: redondeados, flacos, morenos y rubios, orondos. Vivíamos “en el centro de la oscura y primaria semilla”.

No existía nada que no nos fuera familiar, que no mereciera alegría, celebración, nuestros maravillosos y escandalosos miedos pasajeros y perennes.

Todo estaba en los bandos. Cada cosa tenía su bando. Pájaros, perros, gatos, ciempiés, los fugaces y groseros monos, las arditas, los sapos y las ranas, los inoportunos y nocturnos murciélagos, las insoportables perezas. Los ruidosos pericos y las mariposas con su rastro de oro. Las tenebrosas mapanares, las determinantes enredaderas, el olor a monte, el olor a cena, siempre únicos y siempre maravillosamente lo mismo.

En la infancia todo era sorpresa, no obstante nada nos era extraño. La vida era cercanía y lejanía imaginada. Con todo se hablaba, con cada cosa se iniciaba una historia, una amistad, un juego.

Una de nosotras se parecía a una semilla de onoto, la otra era de algarrobo, la otra intrigaba hasta que descubrimos que era idéntica a una semilla de níspero. Los varones parecían semillas de mango, de cedro, de guanábana: “son aquellos los de la faz rodante del grano quienes oyen / e incendian los fulgores con los que día a día aflora la vida (…)”.

Nuestros cuerpos no dejaban de jugar, de reír, de llorar para contentarnos y volver a pelearnos enseguida. No sabíamos del miedo, no sabíamos cómo se definía la vida y a nadie se le podía ocurrir intentar saber lo que era. Ninguno de nosotros habría querido, ni intentado pensar, ¿qué es la vida?

No sentíamos miedo, porque nos enseñaron que el universo había sido creado por alguien profundamente enamorado, a quien podíamos llamar Padre. Aquel que ama a la humanidad tanto como se ama a sí mismo.

Esa infancia todavía está intacta en mi corazón y cuando alguien actúa de manera perversa, creo que sufre la enfermedad de ausencia de amor. Las ofensas, las acusaciones nacen del miedo, brotan porque ignoramos que todos somos hermanos. La gente pelea como las células de un organismo enfermo y terminan destruyendo su capacidad de confiar en la vida y en su propio ser.

No tengamos miedo, ni ahora ni nunca, lo más que podemos perder es esta vida, que es un regalo y no es nuestra propiedad. Porque la vida pertenece a la Vida.

* Todas las citas corresponden a los libros “Del antiguo labrador”, “El abuelo, la cesta y el mar” y “Es oír la vertiente”, de la poeta venezolana Elizabeth Schön, Premio Nacional de Literatura.

Posted in Uncategorized | Leave a Comment »

2014 el blog de Carmen Cristina Wolf fue visto 2400 veces

Posted by Carmen Cristina Wolf en enero 11, 2015

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 2.400 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 40 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

Posted in Uncategorized | Leave a Comment »

Eugenio Montejo: Viaje a lo sagrado

Posted by Carmen Cristina Wolf en abril 19, 2014

Eugenio Montejo: Viaje a lo sagrado.

Posted in Uncategorized | Leave a Comment »

Carmen Cristina Wolf, Poemas inéditos 2012

Posted by Carmen Cristina Wolf en septiembre 14, 2012

COSTURERAS DEL MAR

Redeiras de Galicia con sus manos de sal.

Aguardan cada una a sus hombres de oleaje
¿Volverás marinero?

Sin sus trenzas y risas, qué sería de esos puertos
todo metal y herrumbre, todo barcas fondeadas

Ven pescador insomne
Ariadna teje para ti los sueños

& & &

DOLIENTES

Mujer Ruanda, mujer Tibet, mujer Nepal
caiga el rocío a los pies de las bellas dolientes

Que florezcan sus almas
canten al Cielo y al confín de la Tierra
Bocas que un día sonrieron
Mientras los despiadados
rompían su piel de ternura con ofensas temibles

Poetas: No dejemos perder su esperanza

& & &

MUJER SIRENA

Pontevedra y su villa marinera
cuántos secretos guarda la Plaza de la Leña
historias de poetas
y pueblos hostigados por piratas.

Cruz de aire contra la cruz de piedra
aguas cortadas en la fatiga del acantilado.

Ribeira, quién pasara por ti
cuántas veces añoro
ligera de equipaje
irme quedando en tu lugar, Galicia.

Y oír tu letanía, mujer sirena
¿dónde la sangre tibia?
A través de parajes, un recinto
donde posar tus plantas
y quedarte, en silencio
que tu reino has perdido.

¿Añoras al ansiado pescador de bajuras
quieres tocar maderas de navío?

Siempre esperando lo que nadie sabe
mujer sirena de ateridos labios

Los conjuros de piedra no bastan
para ahuyentar tu sombra salinosa
aún rondas, desde siglos
entre las barcas solas

No pierdas la esperanza

http://carmencristinawolf.wordpress.com

Posted in Uncategorized | Leave a Comment »

Charla sobre Literatura femenina y violencia

Posted by Carmen Cristina Wolf en mayo 25, 2012

El sábado 26 de mayo a las 4 de la tarde, LeoCultura invita a una charla sobre Literaturafemenina y violencia, que será dictada por Carmen Cristina Wolf´

Lugar: Boulevard La Carlota, Plaza, en la ciudad de Caracas.

Los esperamos!

Posted in Uncategorized | Leave a Comment »

La voz poética de Aladar Temeshy

Posted by Carmen Cristina Wolf en agosto 27, 2011

Por Carmen Cristina Wolf

Abra las páginas suavemente
como quien ya sabe que los libros
no son para hablar de ellos
y ha aprendido a hacerles el amor
Adalber Salas

La voz poética de Aladar Temeshy está ligada íntimamente a su manera de comprender la existencia y al pensamiento reflexivo. El trasfondo de su escritura es una recia batalla entre la exuberante policromía de la creación y el demoledor paso del tiempo, que todo lo destruye. De sensibilidad contemplativa, tal vez por su profesión de arquitecto y por su dedicación a la docencia, Temeshy conduce al lector, desde la más sublime hermosura de la naturaleza y de las ciudades, hasta el dolor y el desaliento por la pérdida de los afectos y de los lugares más entrañables.

Aladar es un romántico a la manera de Rilke. No se reconcilia con la creencia en Dios y en la inmortalidad del alma, no obstante, medita sobre estos temas con la angustia del que se asoma al abismo. Como si hubiera escuchado la voz del poeta alemán, su poesía transcurre entre luces y sombras, dejándonos caminar, detenernos a nuestro antojo, sin rumbo fijo, a veces por senderos que conducen a un mismo lugar, para que el lector elija quedarse entre el bosque pleno de vida, y no obstante cruzada de laberintos, y la negrura de lo desconocido. Recordemos lo que dice Rilke:
Vivo mi vida en círculos que se abren
sobre las cosas, anchos.
Tal vez no lograré cerrar el último
pero quiero intentarlo
.

Aladar escribe en su poema Mediodía:
El sol derrite los rostros errantes
escondidos entre las moradas lavandas
los laberintos se abrieron
el mundo es caliente, vertical
el mediodía se comparte
entre el hombre y su inercia
el sueño devoró ya su sombra

En “El libro de las decepciones” de Aladar Temeshy, editado en el 2008 por Diosa Blanca, el prologuista y editor, Edgar Vidaurre, escribe: “En el corazón de la palabra decepción, convergen tres de los aspectos más reveladores de nuestra humanidad a saber: el dolor, la desesperanza (o más bien, la esperanza herida) y la conciencia del engaño y la verdad”… Ante la decepción, se abren dos sendas: o el hombre sucumbe en la maraña intrascendente su propio existir, o trasciende el sufrimiento a través de la transformación existencial.
Y es el camino que toma Aladar ante tal disyuntiva. Trascender, mediante la escritura, a través de palabras que desgarran las páginas de sus libros, especialmente de este poemario “Al margen de la tarde”, que nos deja con el deseo de leerlo una y otra vez, escrito con la entereza y la precisión del oficiante que se aferra a la poesía como “una forma de existencia, de elevación de la existencia, de la presencia fuerte de la existencia”, como escribió el maestro Alfredo Silva Estrada, amigo personal de Aladar.

Al margen de la tarde está dividido en dos partes: 40 poemas que corresponden al capítulo que lleva el título del libro, y un capítulo de 9 poemas, cuyo título es Cuentas del Tiempo. La exquisita belleza del primer poema del libro, nos lleva al “encanto de un universo ensoñado / en un aljibe virgen / sin fondo y sin rimas”:
Es una tarde larga
del encanto de Schumann
en el policromado otoño
surgido de las blanquinegras
teclas del piano grande
en la tamizada luz dorada
de una eternidad.

La Muerte. Ese alfiler de oro tan cerca…
Luego aparecen las amargas dudas rebeldes / sobre razones del estar / o del ser y su justa existencia. Es el alfiler de oro en el pecho, que hiere en las sombras de las letras, al margen de la vida del autor. La muerte, es la última dignidad del vencido, es la trascendencia y la liberación del ser prisionero de esta vida mortal.
No obstante, el gozo de existir y la espera de instantes felices no deja de rondar los versos de este amado libro, como cuando escribe: “Sentado en la silla ajada / ajada / del pasillo / frente a la panadería / en la mesa / mi silente café / y espero / un no sé qué.”
Su poema En el pasillo, rememora a Rimbaud, el poeta que una vez escribió:
Y así ascender despacio
en un inmenso amor
de la prisión terrestre
a la belleza del día.
Y Aladar se pregunta a quién espera, respondiendo, con el saber del poeta que conoce las figuras literarias, como las dislocadas oposiciones del oximoron: “Yo, no vendré / compraré un pan canilla / … me iré a esperar / afuera de antes / ya fuera de después.” Imagina cómo su espíritu, o su recuerdo, vendrá de nuevo a los lugares de siempre, a sentarse, a esperar. No deja de sorprender el descreído poeta, cuando escribe: “el pan o es todo / fe, devoción, plegaria, es hablar con Dios / … canto del trigo / pan caliente.” Sólo un poeta de la talla de Aladar puede escribir, cuando pregunta quién vendrá, que no será él, pero que sí, que vendrá, de alguna manera imaginada, a la cafetería de siempre, a sentarse, a sentarse cerca de las figuras enmudecidas por la noche del tiempo, “ya fuera de después”.
El final de este libro nos brinda la clave del enigma. Cuál es la razón, el propósito, la pasión que se encierra en la escritura de Aladar Temeshy. El lo proclama suavemente, sin estridencias:

Escribo
Para sentir el verbo
Para palpar la soledad
Para entender a Dios
Para comprender quién soy
Para aprender la muerte

Carmen Cristina Wolf
Caracas, julio de 2011

*Texto leído el 27 de julio de 2011, en la Librería Alejandría I, Las Mercedes, Caracas. Presentación de El libro de las decepciones, organizado por el Círculo de Escritores de Venezuela.

Posted in Uncategorized | Leave a Comment »

La palabra luminosa en la escritura de Carmen Cristina Wolf

Posted by Carmen Cristina Wolf en julio 2, 2009

LA PALABRA LUMINOSA DE CARMEN CRISTINA WOLF

Por Lidia Salas*

 La llama incesante

En  elpoemario  publicado  por  Carmen Cristina  Wolf, La llama incesante  ( Editorial La Diosa Blanca. Caracas,  2006 ) se aprecia la evolución de su escritura desde un canto terrenal,  Canto al hombre.   ( Carmina Editores. 1996), su segundo poemario,  hasta  la expresión de una de las tareas más  altas del espíritu:  la realización trascendental  de la existencia, asumido en este nuevo proyecto,   como búsqueda de unidad e identificación con el Ser  Creador.

 Poeta, ensayista y editora nacida en Caracas, Venezuela, obtuvo el título de Abogado en la Universidad Católica Andrés Bello. Ha dedicado buena parte de su vida a estudiar literatura hispanoamericana y poesía mística española, Teoría de la Argumentación y Nueva Retórica. Su Obra publicada en poesía: Canto al Hombre, Cármina editores 1997 tres ediciones; Canto al Amor Divino, Cármina Editores 1998; Escribe un poema para mí (Ed. Círculo de Escritores de Venezuela 2001; Fragmentos de Isla, Ed. Poiesis 1988, Prisión Abierta,(Ed. Al Tanto 2002, Colección Las iniciales del tiempo; Atavíos, Editorial El Pez Soluble 2007; Huésped del Amanecer, poemas, editado por la Universidad Nacional Abierta 2008. La llama incesante, Aforismos, Editorial Diosa Blanca 2007; Retorno a la Vida, Cármina editores;  Poesía Femenina y violencia, ponencia publicada en Antología 8º Encuentro Internacional de Escritoras 2008; Acontecer fecundo: Estudio sobre la obra de Luz Machado, publicado por la Asociación de Escritores de Mérida 2008; Retorno a la Vida,  Cármina Editores 2006. Rafael Cadenas: Templanza y honestidad de lenguaje; Eugenio Montejo, viaje a lo sagrado. Ha sido Profesora de Comunicación y Oratoria en el Instituto de Altos  Estudios Diplomáticos Pedro Gual.

 En el 2005 Obtuvo el Premio al Concurso de Cuentos de la Librería Mediática. Su obra aparece reseñada en Antología de Poetas Venezolanos de José Antonio Escalona, Universidad de Los Andes 2002 ; Quiénes escriben en Venezuela (Conac 2004); El Hilo de la Voz  2004; Antología del Círculo de Escritores de Venezuela 2005; Biblioteca de Venezuela Analítica; Mujeres Venezolanas ante la Crítica de la Asociación de Escritores de Mérida 2008; Antología del Octavo Encuentro Internacional de Escritoras, de la Asociación de Escritores de Mérida, 2008; Antología de Versos de Poetisas Venezolanas Editorial Diosa Blanca 2006; Ficción breve venezolana, Palabras diversas, Red Mundial de Escritores. Letralia.com. Prometeo Digital; Wikipedia. Corresponsal de la revista PublicARTE, articulista de Analítica.com y de Literanova.eduardocasanova.com.  Una muestra de su poesía aparece en el libro La Mujer Rota (Primer Foro Internacional de Poesía);  Literalia Editores México 2008;  y en las Revistas Circunvalación del Sur, Conciencia Activa 21, Ateneo de Los Teques y otras.

               

Sobre su obra han escrito los autores  Helena Sassone, Miguel García Mackle, Edgar Vidaurre, Alejo Urdaneta, Eduardo Casanova, Enrique Viloria, Pedro Pablo Paredes, Milagro Haack, Lubio Cardozo y otros.

 Carmen Cristina Wolf Es Directora de Cármina Editores, y actualmente es Presidente del Círculo de Escritores de Venezuela, Miembro Honorario de la Asociación de Escritores de Mérida. Por editar: Tejedores de signos, Ensayos, Apuntes de Viaje,  La gruta del Haiku, Poemas; Labor de Mujeres, escrito conjuntamente  con María Isabel Novillo. Es editora de las revistas Literatura y Vida,  http://literaturayvida.blogsome.com, Revista del Círculo de Escritores de Venezuela http://circulodescritoresvenezuela.org y Mujeresescritoras, https://ccwolf.wordpress.com

 El título de la obra La llama incesante devela la intención  del trabajo alquímico que pretende su  lenguaje,transmutar las señales de ese paraíso interior presentes en la cotidianidad de la vida, tales como el sueño, el visaje de la felicidad, la luz del  conocimiento,  el milagro de la belleza,  en el latido de lo sagrado ardiendo en el incendio del alma.  Será necesario entonces,  desnudarse del ego, renunciar al miedo, a las apetencias  y a la esclavitud de la mente.

 El fuego del amor  es la única senda  que conduce al Amor Real, aquel que quema sin consumir aumentando la pasión de amar hasta lo inefable.  La llama incesante  es la lámpara que enciende la poeta  para separar las sombras que le ocultan el Bien buscado, pero puede interpretarse también, como la zarza ardiente  a donde lleva su palabra para hacerla  verdadera, radiante, luminosa y a través de ella, lograr la comunión ansiada.   

  La palabra ha sido siempre el instrumento de tránsito para alcanzar el esplendor. Lao Tse, Rafael Cadenas, Eugenio Montejo, Edgar Vidaurre, los poetas tutelares  en esta travesía,  confirman con sus hermosos versos esta realidad.  El verbo es el principio de lo divino y de lo humano,  es la hendija  por donde el poeta se asoma a los insondables misterios del alma, y es  en el fracaso de su balbuceo,  el espacio donde alcanza la  trascendencia y la  inmortalidad. 

 La intención  del mensaje impone el tipo de discurso utilizado.  El aforismo, en la brevedad de su síntesis,  es el único  medio posible  para mantener el diálogo de la  poeta consigo misma, con los otros  compañeros de senda con quienes desea compartir sus hallazgos y con  el Señor  a quien nombra,  “ Lirio coronado de espinas, rosa clavada en el madero, cáliz derramado en el polvo…” ( pag. 33)  en uno de los más hermoso versos místicos,  que la arrastran por los afluentes  que brotan en El Cantar de los Cantares  y humedecen las voces de Juan de la Cruz y Teresa de Avila.

 El camino de lo místico, esto es, del encuentro del espíritu con esa  Luz superior  que lo atrae,   esta signado por  caídas, encuentros, visiones, espejismos y revelaciones.  Este poemario es un testimonio de la  fuga de ese alguien que  la habita.  Las sentencias  son  como relámpagos que permiten al lector  seguir  el  vía crucis  de quien pretende llegar al gólgota de la muerte, pero sobre todo al dulce domingo de la resurrección.  Su testimonio se convierte en bitácora.  Sus cortas frases  en reflejos  fugaces  que serán perdurables en la proporción  igual a la comprensión y aceptación del lector.        

 El poemario está dividido en cinco secciones: Hallazgos, El verbo enamorado, El misterio del fuego, El incendio del alma y La conciencia en vigilia.  Deseo iniciar mi lectura particular por  la parte última.  La intención docente aparece  en los aforismos de estas páginas, en ellas compartí el duelo y la vergüenza por una realidad social donde estamos inmersos: “ Qué débil es aquel a quien los otros temen a   causa de sus amenazas. “ ( pag. 43)

 En  Hallazgos,  se aprecia  la belleza presente en la vida: “ Los árboles son los  ángeles  de  la   guarda   en  la ciudad”  ( pag. 14 )   pero  como  su  nombre lo indica, es el encuentro con otra realidad  íntima y cierta:  “  Descubrí un lugar en mí que permanece sosegado  ante los  cambios”.  ( pag. 17)

 El verbo enamorado y  El misterio del fuego resumen la pasión  de ese hermoso ser que es Carmen Cristina, por atrapar el temblor del poema y la vibración del amor:  “ Lo fugaz y lo eterno en un instante:  la poesía” ( pag. 20 ).   Incontables veces repasé  esas hondas reflexiones acerca  del oficio del escritor y disfruté el erotismo sagrado del cántico de su alma enamorada.  Mas es en Incendio del alma, el espacio en donde su  voz alcanza la más alta tesitura, quizás, por esta razón me hubiera gustado que   con ella hubiera concluido  su trabajo.

 He seguido la obra de esta poeta desde su libro  inicial.  La intención de escribir aforismos en una obra ascética revela la unidad  y madurez del escritor que aspira la búsqueda de la Verdad Suprema.  La sabiduría, la sencillez, la humildad, la mirada plena de belleza  se revelan  en muchas de los versos que recomiendo con la emoción de quien se ha acercado a beber en un pozo de aguas verdaderas.             

 El logos en la escritura de Wolf

 Carmen Cristina Wolf demuestra su persistencia en la escritura con la edición de los poemarios Fragmentos de isla (Poiesis 1988), Canto al Hombre (Cármina 1996), Canto al Amor Divino (Cármina 1998), Prisión abierta (Al Tanto, Colección las iniciales del tiempo 2002), Atavíos (El Pez Soluble 2007), La llama incesante, Aforismos (Editorial Diosa Blanca 2007), Huésped del amanecer (Ediciones Universidad Nacional Abierta 2008), Retorno a la vida (Cármina 2007) y con los  ensayos y relatos publicados en diarios y revistas.

 En su libro Escribe un poema para mí (Ediciones del Círculo de Escritores de Venezuela 2003), la poeta celebra el logos, la palabra con su mágica significación creadora. En el  primer texto del Evangelio de San Juan se lee: “Y Dios dijo: Hágase la luz. Y su palabra introdujo la luz en las tinieblas, y entonces Dios vio que la luz era buena”. La palabra fue el instrumento de la creación desde el principio de la historia. Fue Dios quien la revistió de luz. Ya lo decía el evangelista enamorado: “En el principio era el verbo, y la palabra estaba en Dios y la palabra era Dios.”

  Una de las teorías que explican la función consoladora de la poesía revelan que el poema nace a veces del deseo de recobrar lo perdido.  El ser sensible tiende a recuperar  a través de la escritura el anverso del mundo irremediablemente fracturado por la violencia y la insensatez. Entonces crea con sus versos un espacio paralelo donde el ritmo mágico de su música y de sus significados re-crea la calle, la ciudad, el territorio, el hombre que alguna vez fue.

  De la lectura de este último libro de Carmen Cristina Wolf se infiere que en  el tránsito de esta mujer por la escritura, ella ha develado el poder secreto del logos y lo despliega con sortilegios de Afrodita; “Escríbeme una ciudad / de altos jardines luminosos / y escribe una calle de sol como tus manos,” (p. 15)

El símil “una calle de sol como tus manos” introduce un destinatario amado, un interlocutor a quien trata de seducir induciéndolo a escribir dentro de su propia escritura. Artificios de maga o plegaria convertida en petición para que “el otro” penetre en su acento femenino.

 La palabra se convierte entonces en una entidad, en donde se busca lo que se tiene en mengua. Ya lo había hecho antes el solitario de las tabaquerías y de los muelles de Lisboa, Fernando Pessoa, ese otro exiliado, quien definió el lenguaje como su patria verdadera. Wolf insiste en su mandato: “Escríbeme un país / el país que me sabía de memoria / y lo aprendí en la infancia, / No lo encuentro (p. 15 y 16). Su nostalgia se  expresa de una manera directa, matizada por el dolor de la pérdida. La poeta en su sabiduría ancestral conoce que la poesía tiene existencia real, independientemente de quien la habite, y de allí sus líneas: … “escribe poemas para mí / que abandonen su cárcel de silencio.” (p. 19)

 En estos versos se le asigna a la palabra no solo el  poder creador de dar vida, sino que se le reviste de la fuerza cabalística en la lucha contra las tinieblas que intentan destruir al ser: “Escribe para mí una armadura / no vaya a ser que me asuste la muerte” (p. 23). Rosa María Rodríguez Magda en uno de sus memorables ensayos reunidos bajo el título  “Femenino fin de siglo. La seducción de la diferencia”, reflexiona acerca de la frontera marcada cuando las mujeres vivían en el silencio, el cuchicheo y los sollozos; por eso, porque el lenguaje había sido tomado de la voz del padre y del marido, hubo que deslastrarlas de la autoridad dominante y macerarlas con el conjuro de las Náyades, ninfas del bosque y de la libertad,  y de las Sibilas, aquellas sacerdotisas de Apolo que eran respetadas por tener  el don de la profecía.

 Así, la palabra de quienes como la Wolf beben en las fuentes del eterno femenino (no se habla aquí solo de la condición de ser mujer, sino de la intuición, la solidaridad y la fantasía), buscan dentro de su aspiración a la trascendencia, dar también voz a las vivencias y anhelos más íntimos. Sus versos se revisten de honda dulzura cuando dialoga con el ser a quien ama: “Amado / no tendré sed / mientras tu vino / esté servido en mi mesa.” (p. 47) La cotidianidad se transforma en el halago exquisito, signado por la retórica de la austeridad presente en estos textos. Escritura de amor con la fuerza del silencio, en un intento de inaugurar lo no dicho, de encontrar una salida ante tanta palabrería gastada por la repetición de los amantes de todas las centurias.

 Y  luego de tantos versos de amor, nombra la felicidad sencilla de los niños y de los poetas: “La felicidad estaba allí / era un aroma mínimo / en el corazón de las cosas.” (p. 57) Desde esa intimidad habla de lo cercano, de los libros, los muebles, las ventanas, para no perder la pertenencia al territorio y la memoria de nuestras raíces: “Una casa se crea / con unos cuantos libros / la mesa y unos lápices” (p. 59). Para continuar más adelante: “Cuando salgo de viaje / mi casa va conmigo. / Llevo también algunos versos / y amarro el corazón al equipaje” … (p. 59). El espacio de Bachelard, la casa con sus estancias, armarios y gavetas, convertidas  por la alquimia  de la creación, en los elementos usados en la grafía de sus poemas y para el goce del “otro”, el lector.

 Finalmente de nuevo la vida como rito conciliatorio después de la tristeza,  como germen de la creación y del canto: “Se aproxima el esplendor / tan igual a sí mismo y siempre diferente / y celebra la vida / en clave de sol.” (p. 65) Una visión luminosa del mundo y plena de fe la de estas páginas de Carmen Cristina Wolf, acentuada con una escritura cuyas imágenes conmueven desde su significación y sus sonidos.

Ellas nos convocan a todos para conducirnos a los linderos denominados por Octavio Paz como el espacio del “ojalá de los sueños”, a la tierra de la seducción y de la poesía. Estoy segura que muchos habrán de escuchar su llamado, entonces quizá podrán refugiarse con la poeta en su casa:

 

             “Casa ardiente de palabras

                aún sin pronunciar”

                                               (p.77)

 

 El lenguaje poético de Wolf

 Una lectura del poemario Prisión abierta

 

   Carmen Cristina Wolf, en su poemario  Prisión abierta, publicado por la editora Al Tanto, Colección Las iniciales del tiempo 2002, establece los momentos de un devenir vital, como ella misma dice, con “palabras sin pretensiones”, desde la memoria de su infancia hasta el reposo ascético de su alma en un Ser Superior, a quien ella llama “mi Dueño”. En estas páginas, el lenguaje es utilizado como instrumento de un tránsito metafísico, viaje sin estridencias ni bitácora de un personaje lleno de inocencia y sencillez , que alcanza momentos de iluminación y logra con una tesitura afinada un canto poético de entrañable hermosura.

 Semejante a esos juglares remotos, quienes tañían las cuerdas de su lira para acompañar la soledad de los habitantes de las aldeas, Wolf expresa que sus versos “celebran el milagro de los días corrientes”, Cuando entrega sus poemas a manera de dádiva, sin “esperar el aplauso”, su voz conmueve a quienes creemos en la propiedad consoladora de la poesía, en la magia del lenguaje poético para reconciliarnos con la vida.

  La infancia, ese territorio que nos acaricia desde atrás de los párpados, se erige en el poema III, “Mis días pasan en primavera” con la antítesis de las niñas que “anhelan hermosas palabras, zapatos nuevos y una  respuesta a su visita a este mundo”, apetencias de la mente, del cuerpo y del espíritu, reunidas en una enumeración que resuma en dos líneas las grandes inquietudes de esa edad. Y al final de esos versos, el amor como un despertar de la adolescencia; sin embargo, el sujeto de estas páginas es una voz velada, ya lo había dicho en sus primeros versos: “prefiero cubrir mis raspones con el atavío de la seda”. Por tanto, sólo nos confiesa que “el amor aguardaría en la ciudad”. Frase feliz que sintetiza la estación del amor.

  En ese lugar de la jornada logra uno de los momentos más conmovedores,  la descripción de la amistad: “Hallo refugio / en el bosque donde habitan mis amigos”. Coincidimos plenamente con esta certeza: la mesa del amigo, la ventana y el patio del amigo donde siempre hay un columpio, para significar la alegría que se torna memorable, la belleza que nos hace hermanos, el sueño que entrelaza las biografías. Su verso inicial ya lo había dicho todo: “Un amigo tiene el color que requiere tu alma”.

 La duda es un aguijón en el costado del caminante, esta inquietud se expresa en el poema XIII: “El mundo hierve de caminos / rúas galerías /atajos y veredas…”, y el poeta puede irse y permanecer a la vez ¡Ah la felicidad de quien tiene otros ojos para mirar a lo lejos sin marcharse de “un punto / determinado, cálido, cerca de casa” porque posee la palabra para deshacer la prisión del ego y, de esta manera, volar y sobrevolar sobre memorias y olvidos. Una vez libre, expresa su credo que no podemos empañar con explicaciones ni razonamientos. “Ejerzo mi oficio de perseguir las palabras / sin volver la espalda al dolor, tampoco al éxtasis”.

 Si nada dice de amor eterno, estos versos están muy cercanos del ser que pretende una unión más elevada y sublime; es en esa búsqueda donde la iluminación aparece en ráfagas de una hondura exquisita: “Me senté hoy en un punto / donde las formas convergen y forman el azar”, en una búsqueda de la iluminación. Olvida  “el por qué de los gestos / y persigue el celaje del ser”. También la oración al Hijo de Dios hecho hombre, puede ser el más humano de los clamores: “No me dejes sola como una herida abierta”.

 Esta lectura de la poesía de Carmen Cristina Wolf transgrede la fría objetividad del crítico sostenido en las teorías lingüísticas o semánticas. Cómo permanecer indiferentes a las palabras que desnudan nuestra propia historia? Cómo salvarnos del temblor de la vida que atraviesa este canto? Cómo no responder a la seducción de una voz cuyo atavío es la verdad y la ternura? Es posible no identificarse de su loco corazón cuando pretende abarcar la tierra?

 Pasado, presente y porvenir se entrecruzan en este sujeto poético esencialmente femenino, cuyas reflexiones se elevan a verdades filosóficas de alto vuelo y nos hace sonreír por la sencillez con que aborda la cotidianidad. Recomiendo con gran entusiasmo la lectura de Prisión abierta a quienes tengan la fortuna de encontrarse con este libro, el cual como objeto, también es una obra de arte.

 * La escritora Lidia Salas  es Magister en Literatura de la Universidad Central de Venezuela. Dedicada gran parte de su vida a la crítica literaria, es autora de los poemarios:  Arañando el silencio, Mención de Honor del Primer Concurso de Poesía Libre de la Universidad de Córdoba, Colombia (1984),Coautora con Elena Vera de la Antología Quaterni Deni.  (1992). Su obra se encuentra recogida en la Antología de Poetas Venezolanos del Círculo de Escritores de Venezuela. Obra publicada: Mambo Café, 1º Mención de Concurso de la I Bienal del Ateneo Casa de Aguas (1994). Venturosa Premio Unico Mención Poesía del VII Concurso Nacional del IPASME (1995). Luna de Tarot  (Ediciones Círculo de Escritores de Venezuela. 2000). Y de las Plaquettes Sedas de Otoño (Taller Editorial El pez Soluble, 2006). Itinerario Fugaz editado por la Universidad Nacional Abierta en 2008.

 Ha sido invitada a la Celebración de la  Semana Hispánica por la Universidad de Clemson (Carolina del Sur, USA) en 1989 donde leyó su ensayo “Voces de mujeres en la poesía Venezolana” y a la II Bienal de Poesía Hispanoamericana en la Universidad de George Town, Washington. Usa.1997 en donde disertó sobre la vida y obra del poeta chicano Tino Villanueva. En 2009 presentó en Caracas una ponencia sobre la escritora venezolana Enriqueta Arvelo Larriva. Fue ponente en el 8ª Encuentro Internacional de Escritoras 2008 celebrado en Caracas en homenaje a Elizabeth Schön.

 Lidia Anabelle Marisol

                               Escritoras  A. Aguilar, M. Marrero y Lidia Salas

 

 

 

 

 

                    

                    

Posted in Uncategorized | Leave a Comment »

Premio Carmen Conde de Ediciones Torremozas

Posted by Carmen Cristina Wolf en junio 22, 2009

EDICIONES TORREMOZAS

FALLO DEL PREMIO “CARMEN CONDE” DE POESÍA DE MUJERES

La autora ANAY SALA SUBERVIOLA
PREMIO “CARMEN CONDE” DE POESÍA
 
 ANAY SALA SUBERVIOLA, con su libro Ý (TURNO DE RÉPLICA), ha resultado ganadora del XXVI Premio “Carmen Conde” de Poesía de Mujeres, patrocinado por El Corte Inglés S.A. y organizado por Ediciones Torremozas, fallado el 20 de Junio.
A esta convocatoria se presentaron un total de 378 originales de diversos países.
 
La autora premiada, nacida en Sabadell en 1975, vive en Barcelona y trabaja en la Administración Pública.  Fue incluida en la XIX Selección de Voces Nuevas en 2006.

 El Jurado estuvo compuesto por: María del Pilar Palomo, Jesús Hilario Tundidor, Antonio Porpetta y María Jesús Hernández.
 
Este prestigioso premio está dotado con 12.000 euros y la publicación de la obra premiada en la Colección Torremozas de Poesía de Mujeres.

¡Enhorabuena a Ediciones Torremozas y a la ganadora del certamen le desean las Editoras de Mujeresescritoras!
 
                                    Ver el detalle en  www.torremozas.com

Palas Athenea

Palas Athenea

Posted in Uncategorized | Leave a Comment »

POEMAS DE ROSA MELO

Posted by Carmen Cristina Wolf en junio 20, 2009

Manifestamos nuestra gratitud a la poeta venezolana Rosa Melo por estos poemas inéditos, testimonio de su sensibilidad y dominio del lenguaje, un regalo muy preciado para el espíritu:

Blanca la página

trae tu visión abierta

 Tu barba

es tiempo que gira

y cosquillea mis mejillas

 Abuelo que siembras sonrisas

en los difíciles pasillos

de mi infancia

ahora en otoño

el camino es amplio

los árboles secos

retoñan tus pisada

y mi mano minúscula

de entonces

aprieta tu sombra

en mi memoria

 &   &   &

La hoja al caer                            

se entrega al aire                         

en feliz sueño                              

 &   &   &

Miro la choza

Quietud en las afueras

hambre interior

 &   &   &

Cuando la tierra                           

Brama, los volcanes                     

respiran hondo                             

 &   &   &

El desborde es

intento, nada va más

allá del límite                                 

&   &   & 

Se hace la flor                                                      

pétalo a pétalo                              

los hijos también     

 &   &   &                                                        

Gota de rocío

 al llegar al manantial

ya serás río          

 &   &   &

 Se cae la rosa                               

después de su belleza                   

entra en mi libro                                                        

  &   &  &                                                    

Después del dolor

se ama más y mucho

                          más

esta gran vida

&   &   & 

 

Si retrocedes

el eco deja huellas                         

puedes resbalar                              

   &   &   &                                                     

 Solo la calma

produce bienestar

en los recuerdos

 &   &   &

Ayer es tiempo                            

que juega desafiante                     

en la memoria                               

 &   &   &

Dentro del musgo   

regia orquesta dirige

la voz del sapo

 La Autora:

Rosa Melo, escritora venezolana, nacida en Porlamar, Estado Nueva Esparta. Profesión: calígrafa. Poemarios publicados:

• “Tiempo de Horizontes” con prólogo de Luisana Itriago, 2004.
• “La Casa Adormecida”, 2002.
• “Hábito de Ser” con prólogo de Elizabeth Schön, 1995.
• “Acírate” con prólogo de Ída Gramcko, 1982.

Poemarios inéditos:

• “Signos del Coloquio”.
• “Desandando Insomnios” prólogo de Beatriz Pastori.
• “Restos de Polen”.
• “La Flor de los Cerezos” prólogo de Efraín Subero.

 • Su obra aparece reseñada en varias Antologías, entre ellas “Antología Poética del Círculo de Escritores de Venezuela 2005”;  “Quienes escriben en Venezuela: Diccionario abreviado de escritores venezolanos 1900 – 2003”, publicación del CONAC, 2004

 

 

 

 

 

Posted in Uncategorized | 3 Comments »

Poema de Maite Ayala: Adiós, Mami

Posted by Carmen Cristina Wolf en mayo 1, 2009

Adiós, Mami
Habrá memorias de ti para mi desconocidas
se habrán formado en tus actos
percibidas a lo largo de los años
fluyendo delante de los ojos de tu rostro
lloro la presentida fuga de tu cuerpo
la ruina de lo corpóreo
me recuerda nada más que
<eres polvo y ceniza>
fuego de mismidad, pájaro, resplandor
huyes del mundo
de su cansancio atroz
cercado de sinsabores y melancolía
¿te acordarás de mí cuando te hayas ido?
según el principio físico de la materia
la  sustancia no muere sino que es transformada
¿podré decir el vocablo más inherente
a la condición de vulnerabilidad humana
de necesidad más vital,
sin perderme?
¿escucharás tú mi voz
cuando mi grito avasalle la tela
del universo? diciendo _madre,
mami_ es lo mismo…
la necesidad de entendimiento y cobijo
nunca mueren
mientras más temprano se pierden
más difícil será colmarlas
¿cuál niño no llama
en la oscuridad del recinto
el verbo de la vida
para reafirmarse
y volar en cuanto amanezca?
recordaré el sonido de tu palabra
tu manera de plantarte
en la tierra,
los ríos de tus manos
el azul límpido, diáfano de tus ojos
que se volvía acero si te invadía la ira             
o eran pura nostalgia… pura tristeza…
hemos de pasar por esto,
no atino darle nombre a las despedidas
nunca me han gustado,
dejan una estela de rotura por dentro
que a veces no se repara
ni la noche encubre
en sus larguísimas horas de indolencia
la vida pesa como una terrible mácula
hubiera querido una despedida
menos cruenta, más inofensiva
que un ahogo entre dos eternidades.

 

ADIOS Mami
Siempre te recordaré

 

Maite
12 de febrero de 2009
Maite Ayala, poeta venezolana, Miembro del Círculo de Escritores de Venezuela
Maite Ayala, escritora venezolana

Maite Ayala, escritora venezolana

Posted in Poesía Venezolana, Uncategorized | 2 Comments »