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LUCILA PALACIOS

Posted by Carmen Cristina Wolf en abril 7, 2011

Por Roberto Lovera e Sola

El tema de la mujer, el dar voz a la mujer que estaba callada, fue uno de los temas de la novelista venezolana socio-mujerista de Lucila Palacios (1902-1994). Una mujer aparece en su primer libro Los buzos. (Caracas: Cooperativa de Artes Graficas, 1937. 512 p.); el mismo asunto, ahora mejor tratado, en un libro con una buena estructura novelesca, de la cual adolecían Los buzos, volvió a hacerse presente en Rebeldía. (Caracas: Editorial Elite, 1940. 154 p.). Aquella temática cuajó plenamente en Tres palabras y una mujer. (Caracas: Asociación Cultural Interamericana, 1944. 146 p.) en la cual una mujer sola, íngrima, sin palabras, sin derechos propios, sin libertad para elegir su propio destino libremente opuso la novelista a aquella que al menos dentro de sus fantasías, quimeras sexuales, logra ser libre y elegir a aquel con quien desea estar. Así dicho la novela conmovió el ambiente pacato, como era la Venezuela de los cuarenta en cuanto a libertad femenina, y fue acusada de poseer un “feminismo desquiciado” por el crítico padre Pedro Pablo Barnola (1907-1986) en el estudio que le consagro (Estudios critico literarios. Primera serie. Caracas: Editorial Cecilio Acosta, 1945, p.157-168) o de darle demasiada importancia a un problema que se desarrolla en la intimidad de Berta, su protagonista, la cual se conformó con la infidelidad imaginaria en vez de dar un paso hacia adelante, buscar y seguir al hombre que por ser un ser sensible rozó lo más hondo de su sensibilidad humana y erótica.

Pero allí se quedó. Las mujeres que se atrevieron a ser por ellas mismas vendrían mas tarde en el decurso de nuestra vida, y dentro del proceso de nuestra novela escrita por mujeres que lo sabrían registrar más adelante, cuando ello no fuera mera quimera sino una realidad, lo cual requería de la libertad de elección que Berta no tuvo o no supo encontrar. Es por ello que ella se quedó en el lugar de la que desea una nueva realidad, la que se rebela contra lo recibido pero nada hace por cambiarlo. Quizá por miedo y por incapacidad para vislumbrar su destino como fémina. Por ello se queda en la mera búsqueda, apenas sintiendo su piel (p. 22 y 23) en uno de los primeros registros del cuerpo femenino que hallamos en nuestra novela.

En Tres palabras… asistimos a ver a Berta. La novela toda gira alrededor de ella. Por ello la vemos, como indica Gloria Romero Downing,”feliz adolescente… la adorada novia de Alfonso, y de ilusionada esposa se transforma en una mujer frustrada y desilusionada que cuestiona su propia existencia” (Varios Autores: Escritura y desafío. Caracas: Monte Ávila Editores, 1996, p. 198). En ello reside el drama íntimo que se nos cuenta en Tres palabras…
Es por ello que Berta desea “desnudarle mi alma como le he desnudado mi cuerpo” (p.54) a Alfonso; por ello “¿Dónde estoy? ¿dónde estoy? Me pregunto…Al lado de mis padres no era yo misma, y al lado de mi marido no lo soy tampoco. Todos quieren imponerme el sello de su personalidad y anular la mía… Ellos también tratan de encauzar mi vida de acuerdo con la suya… Necesito irme. En qué sitio podré ponerme al abrigo de influencias extrañas a mi personalidad?” (p.66), por ello “esta angustia… retuerce mi corazón y es grito de protesta” (p.81), por ello no quiere ser esclava del hombre (p.112), no desea vivir como esposa sólo para vivir las tres palabras a la cuales alude el título: “Madre de familia” (p.142). Y esa búsqueda de independencia la lleva a traicionar, aunque sólo sea con su espíritu, porque en la realidad no se atreve a cambiar a Alfonso el esposo, en el cual solo habita la severidad, por Ricardo en quien encuentra la comprensión (p.113) y casi la pareja ideal (p.121). Esto último no llega a saberlo porque no se atreve a explorarlo, a vivirlo. Pero ante este hecho debemos leer a Tres palabras… en su espacio y en su tiempo. En ese momento bastaba con plantear la posibilidad. Pero aun, como casi siempre en nuestra novela, sobre todo en varios de los modernistas, el idilio con Ricardo transcurre en Macuto. Cortejo romántico, sentimental, no erótico.

Pero Berta no sólo despierta un día a la infelicidad matrimonial. Despierta así misma, por sí misma. Se da cuenta muy a tiempo cual es el encierro en el cual viven las mujeres (p.27 y 77). Tan recluida está que mucho es lo que le gusta andar por el techo de la casa pues allí se encuentra libre (p.32), tan libre como cuando anda en carro: libre por las calles, cuando se aventura por las callejuelas de un barrio pobre (p.58) o cuando se queda sola en Macuto. Donde conoce a Ricardo. Y se va allí huyendo de la única opción que se ofrecía a las mujeres en aquellos años: el matrimonio, que como es el caso de Berta se transforma en un martirio. Por ello se busca así misma, desea estar ante el hombre, ante el esposo, “como una mujer nueva” (p.54) como alguien por sí misma, con derechos propios, que pueda escoger lo que hará con su propia vida. Y ella protesta, se siente insegura, porque está en desacuerdo con las dos morales: una para los hombres, amplia y sin restricciones, otra para las mujeres prefijada, sin salidas, sin derechos, sin elección. Por ello se dice así misma: “Yo en cambio soy una mujer. ¿Se sabe lo que llevo por dentro?… dejadme, dejadme para ver lo que doy!” (p.60), por ello se pregunta cuál es su lugar (p.66).

Es por ello que Berta en su ser que siente el cuerpo, desea, tiene fantasías sexuales, hace el amor con el marido pensando en el otro (p.129 y 130), siente lo que es su juventud, la vive, vivencia su relación con Ricardo, lucha contra la severidad de la sociedad que la condena únicamente a ser “madre de familia”, las tres palabras del título, pues ella quiere otras alternativas, otras vivencias. Por ello algún día piensa seguir estudios universitarios. Por ello no le basta ser madre de familia ni le basta con seguir el consejo que le dan “Piensa en tu casa. Es suficiente para una mujer” (p.60).

Pese a todo ello, pese a sus pensamientos, a sus reflexiones no se atreve a romper con el esposo, a aventurarse, a rebelarse completamente, a buscar un destino propio.

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