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Carmen Cristina Wolf: Tres poemas inéditos

Posted by Carmen Cristina Wolf en febrero 15, 2011

Carmen Cristina Wolf. Caracas


I LA CASA

¿Es ciego el giro de la casa
tan solitaria y huérfana?

Será que se detiene algunos días
sin darnos cuenta
se acicala con campos de espigas
trae consuelo a dolores antiguos

La mecedora de la abuela levita suavemente
la persiana se mueve
.-.-.-.-
en clave morse

se balancea el móvil de corales

Millones de mensajes cruzan el corredor
sin golpear los retratos
provenientes de los siete confines

El aire se recrea con murmullos del twitter
salidos de laptops relucientes

El caserón de todos, no sabemos por qué
guarda el enigma
desde su pétrea hondura

le gusta cambiarse los vestidos
y lavarse la cara de pisadas maléficas
o besarse ella misma las memorias

Acostumbro, algunos días soleados
acariciar los prados y dejarme
cobijar por la sombra

de las interminables filas de palmeras

mientras cientos de pies dejan huella impaciente
en los portales, apenas entran y ya van saliendo
para dejarse caer un día u otro
en su regazo interminable

Me acostumbré a vivir
con un pie en su morada

y otro en el infinito

II ORIGEN

Eres el sueño de aquél
en quien florecen siempre las palabras

Entre piedras que exudaban templanza,
caíste millares de veces en las playas de todos los océanos

Cuando aún no existía el cántaro ni el día,
se cumplió el ritual de la gota de luz en la penumbra

Sudaste al calor de ríos de lava y al frío de las cavernas
confundida entre hipocampos y corales
enredada en aletas de peces sin mirada

Las tortugas gigantes llevaban en sus casas
grabadas las señales del que sería tu cuerpo y el de todos

Había un itinerario
en el centro del alma, era fácil sentirlo
casi imposible hallarlo persiguiendo las sombras

Era extravío seguro atarse a los deseos

III PROMESA

Traje conmigo algunas piedras de la ciudad perdida
y un puñado de versos sin destino

Respirar lo imposible, no esperar noticias
recrearse en la experiencia de la sed
El oleaje aparenta una conversación con las otras máscaras

Mejor no oír su voz, quebrantaría el inquieto sosiego del mar
Si los sueños dejaran de serlo se perdería el gozo de la promesa

La espera, un eterno comienzo

Casi miré en celaje el vuelo de sus cabellos a través de la vidriera

Recé para que no fueras tú. Así nunca te poseería del todo

El vuelo del alma no debe caer abatido en la piedra más honda.

El oficio, aguardar
en la ciudad que se abre al horizonte

Del libro inédito ATAVÍOS, 2ª edición, derechos de autor registrados

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