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La palabra luminosa en la escritura de Carmen Cristina Wolf

Posted by Carmen Cristina Wolf en julio 2, 2009

LA PALABRA LUMINOSA DE CARMEN CRISTINA WOLF

Por Lidia Salas*

 La llama incesante

En  elpoemario  publicado  por  Carmen Cristina  Wolf, La llama incesante  ( Editorial La Diosa Blanca. Caracas,  2006 ) se aprecia la evolución de su escritura desde un canto terrenal,  Canto al hombre.   ( Carmina Editores. 1996), su segundo poemario,  hasta  la expresión de una de las tareas más  altas del espíritu:  la realización trascendental  de la existencia, asumido en este nuevo proyecto,   como búsqueda de unidad e identificación con el Ser  Creador.

 Poeta, ensayista y editora nacida en Caracas, Venezuela, obtuvo el título de Abogado en la Universidad Católica Andrés Bello. Ha dedicado buena parte de su vida a estudiar literatura hispanoamericana y poesía mística española, Teoría de la Argumentación y Nueva Retórica. Su Obra publicada en poesía: Canto al Hombre, Cármina editores 1997 tres ediciones; Canto al Amor Divino, Cármina Editores 1998; Escribe un poema para mí (Ed. Círculo de Escritores de Venezuela 2001; Fragmentos de Isla, Ed. Poiesis 1988, Prisión Abierta,(Ed. Al Tanto 2002, Colección Las iniciales del tiempo; Atavíos, Editorial El Pez Soluble 2007; Huésped del Amanecer, poemas, editado por la Universidad Nacional Abierta 2008. La llama incesante, Aforismos, Editorial Diosa Blanca 2007; Retorno a la Vida, Cármina editores;  Poesía Femenina y violencia, ponencia publicada en Antología 8º Encuentro Internacional de Escritoras 2008; Acontecer fecundo: Estudio sobre la obra de Luz Machado, publicado por la Asociación de Escritores de Mérida 2008; Retorno a la Vida,  Cármina Editores 2006. Rafael Cadenas: Templanza y honestidad de lenguaje; Eugenio Montejo, viaje a lo sagrado. Ha sido Profesora de Comunicación y Oratoria en el Instituto de Altos  Estudios Diplomáticos Pedro Gual.

 En el 2005 Obtuvo el Premio al Concurso de Cuentos de la Librería Mediática. Su obra aparece reseñada en Antología de Poetas Venezolanos de José Antonio Escalona, Universidad de Los Andes 2002 ; Quiénes escriben en Venezuela (Conac 2004); El Hilo de la Voz  2004; Antología del Círculo de Escritores de Venezuela 2005; Biblioteca de Venezuela Analítica; Mujeres Venezolanas ante la Crítica de la Asociación de Escritores de Mérida 2008; Antología del Octavo Encuentro Internacional de Escritoras, de la Asociación de Escritores de Mérida, 2008; Antología de Versos de Poetisas Venezolanas Editorial Diosa Blanca 2006; Ficción breve venezolana, Palabras diversas, Red Mundial de Escritores. Letralia.com. Prometeo Digital; Wikipedia. Corresponsal de la revista PublicARTE, articulista de Analítica.com y de Literanova.eduardocasanova.com.  Una muestra de su poesía aparece en el libro La Mujer Rota (Primer Foro Internacional de Poesía);  Literalia Editores México 2008;  y en las Revistas Circunvalación del Sur, Conciencia Activa 21, Ateneo de Los Teques y otras.

               

Sobre su obra han escrito los autores  Helena Sassone, Miguel García Mackle, Edgar Vidaurre, Alejo Urdaneta, Eduardo Casanova, Enrique Viloria, Pedro Pablo Paredes, Milagro Haack, Lubio Cardozo y otros.

 Carmen Cristina Wolf Es Directora de Cármina Editores, y actualmente es Presidente del Círculo de Escritores de Venezuela, Miembro Honorario de la Asociación de Escritores de Mérida. Por editar: Tejedores de signos, Ensayos, Apuntes de Viaje,  La gruta del Haiku, Poemas; Labor de Mujeres, escrito conjuntamente  con María Isabel Novillo. Es editora de las revistas Literatura y Vida,  http://literaturayvida.blogsome.com, Revista del Círculo de Escritores de Venezuela http://circulodescritoresvenezuela.org y Mujeresescritoras, https://ccwolf.wordpress.com

 El título de la obra La llama incesante devela la intención  del trabajo alquímico que pretende su  lenguaje,transmutar las señales de ese paraíso interior presentes en la cotidianidad de la vida, tales como el sueño, el visaje de la felicidad, la luz del  conocimiento,  el milagro de la belleza,  en el latido de lo sagrado ardiendo en el incendio del alma.  Será necesario entonces,  desnudarse del ego, renunciar al miedo, a las apetencias  y a la esclavitud de la mente.

 El fuego del amor  es la única senda  que conduce al Amor Real, aquel que quema sin consumir aumentando la pasión de amar hasta lo inefable.  La llama incesante  es la lámpara que enciende la poeta  para separar las sombras que le ocultan el Bien buscado, pero puede interpretarse también, como la zarza ardiente  a donde lleva su palabra para hacerla  verdadera, radiante, luminosa y a través de ella, lograr la comunión ansiada.   

  La palabra ha sido siempre el instrumento de tránsito para alcanzar el esplendor. Lao Tse, Rafael Cadenas, Eugenio Montejo, Edgar Vidaurre, los poetas tutelares  en esta travesía,  confirman con sus hermosos versos esta realidad.  El verbo es el principio de lo divino y de lo humano,  es la hendija  por donde el poeta se asoma a los insondables misterios del alma, y es  en el fracaso de su balbuceo,  el espacio donde alcanza la  trascendencia y la  inmortalidad. 

 La intención  del mensaje impone el tipo de discurso utilizado.  El aforismo, en la brevedad de su síntesis,  es el único  medio posible  para mantener el diálogo de la  poeta consigo misma, con los otros  compañeros de senda con quienes desea compartir sus hallazgos y con  el Señor  a quien nombra,  “ Lirio coronado de espinas, rosa clavada en el madero, cáliz derramado en el polvo…” ( pag. 33)  en uno de los más hermoso versos místicos,  que la arrastran por los afluentes  que brotan en El Cantar de los Cantares  y humedecen las voces de Juan de la Cruz y Teresa de Avila.

 El camino de lo místico, esto es, del encuentro del espíritu con esa  Luz superior  que lo atrae,   esta signado por  caídas, encuentros, visiones, espejismos y revelaciones.  Este poemario es un testimonio de la  fuga de ese alguien que  la habita.  Las sentencias  son  como relámpagos que permiten al lector  seguir  el  vía crucis  de quien pretende llegar al gólgota de la muerte, pero sobre todo al dulce domingo de la resurrección.  Su testimonio se convierte en bitácora.  Sus cortas frases  en reflejos  fugaces  que serán perdurables en la proporción  igual a la comprensión y aceptación del lector.        

 El poemario está dividido en cinco secciones: Hallazgos, El verbo enamorado, El misterio del fuego, El incendio del alma y La conciencia en vigilia.  Deseo iniciar mi lectura particular por  la parte última.  La intención docente aparece  en los aforismos de estas páginas, en ellas compartí el duelo y la vergüenza por una realidad social donde estamos inmersos: “ Qué débil es aquel a quien los otros temen a   causa de sus amenazas. “ ( pag. 43)

 En  Hallazgos,  se aprecia  la belleza presente en la vida: “ Los árboles son los  ángeles  de  la   guarda   en  la ciudad”  ( pag. 14 )   pero  como  su  nombre lo indica, es el encuentro con otra realidad  íntima y cierta:  “  Descubrí un lugar en mí que permanece sosegado  ante los  cambios”.  ( pag. 17)

 El verbo enamorado y  El misterio del fuego resumen la pasión  de ese hermoso ser que es Carmen Cristina, por atrapar el temblor del poema y la vibración del amor:  “ Lo fugaz y lo eterno en un instante:  la poesía” ( pag. 20 ).   Incontables veces repasé  esas hondas reflexiones acerca  del oficio del escritor y disfruté el erotismo sagrado del cántico de su alma enamorada.  Mas es en Incendio del alma, el espacio en donde su  voz alcanza la más alta tesitura, quizás, por esta razón me hubiera gustado que   con ella hubiera concluido  su trabajo.

 He seguido la obra de esta poeta desde su libro  inicial.  La intención de escribir aforismos en una obra ascética revela la unidad  y madurez del escritor que aspira la búsqueda de la Verdad Suprema.  La sabiduría, la sencillez, la humildad, la mirada plena de belleza  se revelan  en muchas de los versos que recomiendo con la emoción de quien se ha acercado a beber en un pozo de aguas verdaderas.             

 El logos en la escritura de Wolf

 Carmen Cristina Wolf demuestra su persistencia en la escritura con la edición de los poemarios Fragmentos de isla (Poiesis 1988), Canto al Hombre (Cármina 1996), Canto al Amor Divino (Cármina 1998), Prisión abierta (Al Tanto, Colección las iniciales del tiempo 2002), Atavíos (El Pez Soluble 2007), La llama incesante, Aforismos (Editorial Diosa Blanca 2007), Huésped del amanecer (Ediciones Universidad Nacional Abierta 2008), Retorno a la vida (Cármina 2007) y con los  ensayos y relatos publicados en diarios y revistas.

 En su libro Escribe un poema para mí (Ediciones del Círculo de Escritores de Venezuela 2003), la poeta celebra el logos, la palabra con su mágica significación creadora. En el  primer texto del Evangelio de San Juan se lee: “Y Dios dijo: Hágase la luz. Y su palabra introdujo la luz en las tinieblas, y entonces Dios vio que la luz era buena”. La palabra fue el instrumento de la creación desde el principio de la historia. Fue Dios quien la revistió de luz. Ya lo decía el evangelista enamorado: “En el principio era el verbo, y la palabra estaba en Dios y la palabra era Dios.”

  Una de las teorías que explican la función consoladora de la poesía revelan que el poema nace a veces del deseo de recobrar lo perdido.  El ser sensible tiende a recuperar  a través de la escritura el anverso del mundo irremediablemente fracturado por la violencia y la insensatez. Entonces crea con sus versos un espacio paralelo donde el ritmo mágico de su música y de sus significados re-crea la calle, la ciudad, el territorio, el hombre que alguna vez fue.

  De la lectura de este último libro de Carmen Cristina Wolf se infiere que en  el tránsito de esta mujer por la escritura, ella ha develado el poder secreto del logos y lo despliega con sortilegios de Afrodita; “Escríbeme una ciudad / de altos jardines luminosos / y escribe una calle de sol como tus manos,” (p. 15)

El símil “una calle de sol como tus manos” introduce un destinatario amado, un interlocutor a quien trata de seducir induciéndolo a escribir dentro de su propia escritura. Artificios de maga o plegaria convertida en petición para que “el otro” penetre en su acento femenino.

 La palabra se convierte entonces en una entidad, en donde se busca lo que se tiene en mengua. Ya lo había hecho antes el solitario de las tabaquerías y de los muelles de Lisboa, Fernando Pessoa, ese otro exiliado, quien definió el lenguaje como su patria verdadera. Wolf insiste en su mandato: “Escríbeme un país / el país que me sabía de memoria / y lo aprendí en la infancia, / No lo encuentro (p. 15 y 16). Su nostalgia se  expresa de una manera directa, matizada por el dolor de la pérdida. La poeta en su sabiduría ancestral conoce que la poesía tiene existencia real, independientemente de quien la habite, y de allí sus líneas: … “escribe poemas para mí / que abandonen su cárcel de silencio.” (p. 19)

 En estos versos se le asigna a la palabra no solo el  poder creador de dar vida, sino que se le reviste de la fuerza cabalística en la lucha contra las tinieblas que intentan destruir al ser: “Escribe para mí una armadura / no vaya a ser que me asuste la muerte” (p. 23). Rosa María Rodríguez Magda en uno de sus memorables ensayos reunidos bajo el título  “Femenino fin de siglo. La seducción de la diferencia”, reflexiona acerca de la frontera marcada cuando las mujeres vivían en el silencio, el cuchicheo y los sollozos; por eso, porque el lenguaje había sido tomado de la voz del padre y del marido, hubo que deslastrarlas de la autoridad dominante y macerarlas con el conjuro de las Náyades, ninfas del bosque y de la libertad,  y de las Sibilas, aquellas sacerdotisas de Apolo que eran respetadas por tener  el don de la profecía.

 Así, la palabra de quienes como la Wolf beben en las fuentes del eterno femenino (no se habla aquí solo de la condición de ser mujer, sino de la intuición, la solidaridad y la fantasía), buscan dentro de su aspiración a la trascendencia, dar también voz a las vivencias y anhelos más íntimos. Sus versos se revisten de honda dulzura cuando dialoga con el ser a quien ama: “Amado / no tendré sed / mientras tu vino / esté servido en mi mesa.” (p. 47) La cotidianidad se transforma en el halago exquisito, signado por la retórica de la austeridad presente en estos textos. Escritura de amor con la fuerza del silencio, en un intento de inaugurar lo no dicho, de encontrar una salida ante tanta palabrería gastada por la repetición de los amantes de todas las centurias.

 Y  luego de tantos versos de amor, nombra la felicidad sencilla de los niños y de los poetas: “La felicidad estaba allí / era un aroma mínimo / en el corazón de las cosas.” (p. 57) Desde esa intimidad habla de lo cercano, de los libros, los muebles, las ventanas, para no perder la pertenencia al territorio y la memoria de nuestras raíces: “Una casa se crea / con unos cuantos libros / la mesa y unos lápices” (p. 59). Para continuar más adelante: “Cuando salgo de viaje / mi casa va conmigo. / Llevo también algunos versos / y amarro el corazón al equipaje” … (p. 59). El espacio de Bachelard, la casa con sus estancias, armarios y gavetas, convertidas  por la alquimia  de la creación, en los elementos usados en la grafía de sus poemas y para el goce del “otro”, el lector.

 Finalmente de nuevo la vida como rito conciliatorio después de la tristeza,  como germen de la creación y del canto: “Se aproxima el esplendor / tan igual a sí mismo y siempre diferente / y celebra la vida / en clave de sol.” (p. 65) Una visión luminosa del mundo y plena de fe la de estas páginas de Carmen Cristina Wolf, acentuada con una escritura cuyas imágenes conmueven desde su significación y sus sonidos.

Ellas nos convocan a todos para conducirnos a los linderos denominados por Octavio Paz como el espacio del “ojalá de los sueños”, a la tierra de la seducción y de la poesía. Estoy segura que muchos habrán de escuchar su llamado, entonces quizá podrán refugiarse con la poeta en su casa:

 

             “Casa ardiente de palabras

                aún sin pronunciar”

                                               (p.77)

 

 El lenguaje poético de Wolf

 Una lectura del poemario Prisión abierta

 

   Carmen Cristina Wolf, en su poemario  Prisión abierta, publicado por la editora Al Tanto, Colección Las iniciales del tiempo 2002, establece los momentos de un devenir vital, como ella misma dice, con “palabras sin pretensiones”, desde la memoria de su infancia hasta el reposo ascético de su alma en un Ser Superior, a quien ella llama “mi Dueño”. En estas páginas, el lenguaje es utilizado como instrumento de un tránsito metafísico, viaje sin estridencias ni bitácora de un personaje lleno de inocencia y sencillez , que alcanza momentos de iluminación y logra con una tesitura afinada un canto poético de entrañable hermosura.

 Semejante a esos juglares remotos, quienes tañían las cuerdas de su lira para acompañar la soledad de los habitantes de las aldeas, Wolf expresa que sus versos “celebran el milagro de los días corrientes”, Cuando entrega sus poemas a manera de dádiva, sin “esperar el aplauso”, su voz conmueve a quienes creemos en la propiedad consoladora de la poesía, en la magia del lenguaje poético para reconciliarnos con la vida.

  La infancia, ese territorio que nos acaricia desde atrás de los párpados, se erige en el poema III, “Mis días pasan en primavera” con la antítesis de las niñas que “anhelan hermosas palabras, zapatos nuevos y una  respuesta a su visita a este mundo”, apetencias de la mente, del cuerpo y del espíritu, reunidas en una enumeración que resuma en dos líneas las grandes inquietudes de esa edad. Y al final de esos versos, el amor como un despertar de la adolescencia; sin embargo, el sujeto de estas páginas es una voz velada, ya lo había dicho en sus primeros versos: “prefiero cubrir mis raspones con el atavío de la seda”. Por tanto, sólo nos confiesa que “el amor aguardaría en la ciudad”. Frase feliz que sintetiza la estación del amor.

  En ese lugar de la jornada logra uno de los momentos más conmovedores,  la descripción de la amistad: “Hallo refugio / en el bosque donde habitan mis amigos”. Coincidimos plenamente con esta certeza: la mesa del amigo, la ventana y el patio del amigo donde siempre hay un columpio, para significar la alegría que se torna memorable, la belleza que nos hace hermanos, el sueño que entrelaza las biografías. Su verso inicial ya lo había dicho todo: “Un amigo tiene el color que requiere tu alma”.

 La duda es un aguijón en el costado del caminante, esta inquietud se expresa en el poema XIII: “El mundo hierve de caminos / rúas galerías /atajos y veredas…”, y el poeta puede irse y permanecer a la vez ¡Ah la felicidad de quien tiene otros ojos para mirar a lo lejos sin marcharse de “un punto / determinado, cálido, cerca de casa” porque posee la palabra para deshacer la prisión del ego y, de esta manera, volar y sobrevolar sobre memorias y olvidos. Una vez libre, expresa su credo que no podemos empañar con explicaciones ni razonamientos. “Ejerzo mi oficio de perseguir las palabras / sin volver la espalda al dolor, tampoco al éxtasis”.

 Si nada dice de amor eterno, estos versos están muy cercanos del ser que pretende una unión más elevada y sublime; es en esa búsqueda donde la iluminación aparece en ráfagas de una hondura exquisita: “Me senté hoy en un punto / donde las formas convergen y forman el azar”, en una búsqueda de la iluminación. Olvida  “el por qué de los gestos / y persigue el celaje del ser”. También la oración al Hijo de Dios hecho hombre, puede ser el más humano de los clamores: “No me dejes sola como una herida abierta”.

 Esta lectura de la poesía de Carmen Cristina Wolf transgrede la fría objetividad del crítico sostenido en las teorías lingüísticas o semánticas. Cómo permanecer indiferentes a las palabras que desnudan nuestra propia historia? Cómo salvarnos del temblor de la vida que atraviesa este canto? Cómo no responder a la seducción de una voz cuyo atavío es la verdad y la ternura? Es posible no identificarse de su loco corazón cuando pretende abarcar la tierra?

 Pasado, presente y porvenir se entrecruzan en este sujeto poético esencialmente femenino, cuyas reflexiones se elevan a verdades filosóficas de alto vuelo y nos hace sonreír por la sencillez con que aborda la cotidianidad. Recomiendo con gran entusiasmo la lectura de Prisión abierta a quienes tengan la fortuna de encontrarse con este libro, el cual como objeto, también es una obra de arte.

 * La escritora Lidia Salas  es Magister en Literatura de la Universidad Central de Venezuela. Dedicada gran parte de su vida a la crítica literaria, es autora de los poemarios:  Arañando el silencio, Mención de Honor del Primer Concurso de Poesía Libre de la Universidad de Córdoba, Colombia (1984),Coautora con Elena Vera de la Antología Quaterni Deni.  (1992). Su obra se encuentra recogida en la Antología de Poetas Venezolanos del Círculo de Escritores de Venezuela. Obra publicada: Mambo Café, 1º Mención de Concurso de la I Bienal del Ateneo Casa de Aguas (1994). Venturosa Premio Unico Mención Poesía del VII Concurso Nacional del IPASME (1995). Luna de Tarot  (Ediciones Círculo de Escritores de Venezuela. 2000). Y de las Plaquettes Sedas de Otoño (Taller Editorial El pez Soluble, 2006). Itinerario Fugaz editado por la Universidad Nacional Abierta en 2008.

 Ha sido invitada a la Celebración de la  Semana Hispánica por la Universidad de Clemson (Carolina del Sur, USA) en 1989 donde leyó su ensayo “Voces de mujeres en la poesía Venezolana” y a la II Bienal de Poesía Hispanoamericana en la Universidad de George Town, Washington. Usa.1997 en donde disertó sobre la vida y obra del poeta chicano Tino Villanueva. En 2009 presentó en Caracas una ponencia sobre la escritora venezolana Enriqueta Arvelo Larriva. Fue ponente en el 8ª Encuentro Internacional de Escritoras 2008 celebrado en Caracas en homenaje a Elizabeth Schön.

 Lidia Anabelle Marisol

                               Escritoras  A. Aguilar, M. Marrero y Lidia Salas

 

 

 

 

 

                    

                    

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