Mujeresescritoras

Just another WordPress.com weblog

CANTO A LA MUJER

Posted by Carmen Cristina Wolf en mayo 13, 2009

Luis Alberto Machado: Canto a la Mujer

Por Carmen Cristina Wolf

 Materia y espíritu son dos estados de una sola realidad. Urdimbre y trama del tejido cósmico. Canto a la Mujer, libro del venezolano Luis Alberto Machado, Editorial Cármina 1996 (quinta edición) celebra la unidad en cuarenta y nueve poemas de catorce versos cada uno:

Tú me entregaste / el secreto y la sustancia / de los átomos … Quiero tocar en tu pìel / la materia que viene / desde el nacimiento del orbe … porque las cosas / son tú y las cosas/ …

Dios,  acaso Eterno Enamorado cuyo oficio es pensar y amar, engendró la idea de la mujer cuando nada existía. Ella siempre estuvo en el Pensamiento del Ser. Machado le canta a la mujer, a todas las mujeres del mundo y nos cuenta su historia desde el Génesis:

Tú estabas allí / al principio, / cuando Dios creó / los cielos / y la tierra. / Y la tierra sin forma y vacía. / Y la oscuridad en el abismo. / Y el caos. // Y entonces, / Dios miró en tus ojos. / Con amor, / y dijo Dios : / “Hágase la luz”. / Y Dios hizo la luz como tus ojos.

            Estos versos hablan de  un Dios indisolublemente unido a la humanidad y muestran el oficio de un escritor creyente en la palabra, que celebra al Ser revelándose en su ser. En el encuentro del poeta con la amada, se abandona a su abrazo y comulga con lo invisible en el corazón de la materia:

Júntame / a cada una de tus sustancias / y renaceremos juntos / para ser / todos / los seres / … Quiero sembrarme / en medio de tus brazos, habitar en el núcleo / de tu morada / y aprehender la vida / en tus venas.

            El amado vive y respira como el haz y el envés de una única moneda: y mi vida / respirando en tu vida. Los poemas de este libro se salen de los bordes de sus páginas a fuerza de significar, no hablan de un amor entre dos seres humanos concretos, parecen referirse a la unidad ancestral de lo masculino y lo femenino: toqué tu piel / y fui redimido nuevamente … Y cuando Dios me pregunte / por mi vigilia / sólo diré / que yo formaba parte / de la existencia / contigo.

No es fácil decir tanto en tan apretada síntesis de lenguaje. La palabra salva al hombre de la desesperanza. El camino a la trascendencia del sin sentido tiene una puerta, y al hacer nuestro balance en el último aliento de vida daremos cuenta de cuánto hemos amado. “Si hablando lenguas de hombres y de ángeles, no tengo amor, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe” (Primera carta de Pablo a los Corintios).

 

María Luisa Escobar, Compositora venezolana

María Luisa Escobar, Compositora venezolana

                                                                        *   *   *

 

            El poeta Propercio, quien nació en Asís en el año 50 a. C., le escribe a su amada Cintia:

“Más que a mis exequias / temo que mis cenizas puedan dejar de amarte.” (Elegías 1,19). Él teme, no que ella deje de amarlo, sino que en la muerte desaparezca su amor por ella. Mil seiscientos años después, inspirado en este verso, Quevedo va más allá de Propercio y escribe: “médulas que han gloriosamente ardido / polvo serán, más polvo enamorado”.

            Para Dámaso Alonso, Quevedo es el más alto poeta de amor de la literatura española. Bastaría el estremecedor final “polvo serán, más polvo enamorado”, ese soneto que es quizás uno de los más grandes que se hayan escrito en lengua española. Casi cuatro siglos más tarde Luis Alberto Machado va más allá de Quevedo, al escribir:

Y tu tierra / será / mi tierra / y tu vida / será / la Vida. / y mi carne / y tu carne / se hará Verbo /. Los amantes serán una sola carne resucitada. Rompiendo con la sintaxis, Machado utiliza la figura retórica a la cual los griegos dieron el nombre de enálague,  no escribe “se harán Verbo” sino “se hará Verbo”, porque es un solo ser. San Juan escribe “Y el Verbo se hizo carne”; Machado escribe: la carne se hará verbo. Carne y Verbo / Carne y Verbo / para siempre.

La enálague la emplea Machado en otros versos, por ejemplo: Llegaremos / de una vez / juntos / a la cumbre / donde el ser y tú / somos lo mismo. También la utiliza en los versos: …y la carne / de tu cuerpo y mi cuerpo / vuelva a ser / carne. “Amada en el amado transformada” al decir de San Juan de la Cruz refiriéndose a la unión del alma y el Esposo. No es un juego del intelecto, es una llama que se yergue en su limpidez en el anhelo ilimitado de trascendencia:

Ven conmigo / al despertar del fuego / y nos elevaremos juntos / con la primera llamarada escribe Machado. Se busca cumplir el deseo de alcanzar ese amor “que no se cura sino con la presencia y la figura. (Juan de la Cruz). Anhelo de encontrar en el otro la propia alma, de reflejarse en el espejo.

“Busca tu alma, ámala, tócala, cultívala” dice Rimbaud en Una temporada en el infierno. El poema no es únicamente el resultado de lo que el poeta quiere decir. El poema se dice a sí mismo como una palabra “que lleva una espada / y puede atravesar a un hombre (Emily Dickinson). Los versos de Canto a la Mujer se adentran diez centímetros en el pecho, expresan al hombre que vive para encontrar el amor porque sin amor nadie quiere vivir. Día y noche, por el amor nos movemos, actuamos, respiramos,  hacemos tantas cosas… Machado es conducido al centro de su ser en arrebato y llega al jardín sellado: Entrégame / los frutos de tu huerto / las uvas de tu vid / y un océano / de agua fresca / de la fuente / donde brota mi sed. Estos versos traen hondas reminiscencias de la poesía mística de San Juan de la Cruz: “Descubre tu presencia / y máteme tu vista y tu hermosura” y del Cantar de los Cantares: “ponme cual sello sobre tu corazón / cual marca sobre tu brazo”…

El hombre “quiere llenar su soledad, fundarse” (Juan Liscano, Nuevo Mundo Orinoco). El hallazgo presentido de aquello que puede conducirnos a la plenitud nos colma de impaciencia, nada nos asusta ni nos detiene: “En una noche oscura / con ansias en amores inflamada / Oh dichosa ventura / salí sin ser notada / estando ya mi casa sosegada” (Cántico Espiritual, San Juan de la Cruz). Canto al Mujer celebra el universo y su relación con la naturaleza humana:

Camaradas / de la existencia / dueños del ser / inmortales / en la muerte, / hermanos del sol / y de la máquina /… En su libro El Pueblo de Dios en marcha Luis Alberto Machado escribe: Francisco llamaba hermano a un animal, a un árbol y al sol, señalando así que ellos eran criaturas del Señor … contemplando en la obra del hombre la grandeza de Dios podemos nosotros también decir: “hermana máquina”, “hermano automóvil”, “hermano avión.” Y no hay mayor fraternidad que la que se siente en este poema:

Mas si al rendir los dos el viaje / hay gente sin llegar / quedémonos a la orilla del camino / a la espera / del último de los llamados.

 

Virginia Woolf

Virginia Woolf

                                                                         *   *   *

Conducido por Virgilio, Dante baja al infierno para contemplarlo. Machado, por amor asaltará el infierno para salvar al Demonio y a los condenados, pero fiel a la esperanza de redención que subyace en su filosofía, dice que “no encontrará a nadie”. Este poema es del tamaño de la Esperanza de Luis Alberto Machado:

Y frente al Diablo clamo / que yo no quiero salvarme  / si no estamos todos. Y cuando muera / por ti asaltaré el Infierno / para liberarlo, pero no encontraré a nadie / en su Infierno vacío.

Este libro presenta una visión cosmogónica en la que el Universo es el ajuar de la naturaleza humana. Revela una concepción teológica, adentrándose en las causas últimas y en el problema vital de la existencia: el origen de la naturaleza y de la historia, la muerte y el amor más allá de la muerte. Su secuencia no es arbitraria, se inicia con la creación y concluye con la muerte del poeta:

Te aguardaré / en el lugar donde comienza el sol / hasta que tú me alcances con el sol / después de la tarde

Entré en el jardín del poeta, florecido de galaxias y tréboles, me sumergí en la marcha de la historia, encontré la hermosura. Asistí a la muerte y la resurrección. Y hallé la Puerta del Paraíso.

En el principio Dios miró en los ojos de la Mujer. Ahora, el hombre y la mujer se miran en los ojos de Dios. Por siempre, la eternidad comienza.

 

Emily Dickinson

Emily Dickinson

 Luis Alberto Machado: autor de La revolución de la inteligencia y El derecho a ser inteligente (E. Planeta), Un pueblo de Dios en marha, Afirmación frente al Marxismo; Canto a la Materia, Canto a la Mujer y Canto a Dios. (Editorial Cármina)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: