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Rosana Hernández Pasquier: Ceremonia del Horno

Posted by Carmen Cristina Wolf en diciembre 26, 2008

Por Alberto Hernández-

1.-
¿Qué nos reserva ese íntimo recogimiento de la cocina en vísperas de tocar una mano o hacer espectáculo del vientre femenino? ¿Qué sabores de carácter sagrado emergen de las vísceras del bagre que se acomoda en el viejo horno de barro, para gusto de los comensales en una suerte de agrupación poética donde François Villon, borracho y poseído, busca el olor del alimento? ¿En qué poema de los tableaux vivants o personnages nos entregamos en banquete amoroso?
La poesía nos ofrece la corona del menú y el entremés, en una fiesta que viene de la soledad más gratificante. Fantasía del olfato y del gusto. Justicia del calor, de ese asombro del lugar de la casa donde se combinan la cultura y la acción doméstica ataviada por el amor, el goce del cuerpo y el juicio habitual de los sabores. Pero, más que eso, la palabra alejada de suntuosidades y de impensables estilos, en una dignidad como si se tratara de la conquista de un reino de centro de mesa, sazonada con la mirada escultórica de Claes Sluter.

Edgar Vidaurre

Foto: Edgar Vidaurre

2.-
Ceremonia del horno (La liebre libre), poemario de Rosana Hernández Pasquier, comienza en el soplo del beso, en ese “aparecido de oscurana” que es nostalgia nocturna desde la calle para comenzar temprano con la primera luz del canto del café, el rito desde la cama, mientras las paredes y los olores de la casa anuncian la receta para dos en el clima de un patio de naranjos, guayabas y cilantro, con la bella apariencia de una heredad cuya domesticación comenzó en la cocina. Árabes y sefarditas, negros e indios y blancos, de virtudes, de franqueza descarada y ofrecimiento elevado, soberbio, fraseado en olores y gustos de la mesa.

3.-
Y un olor de mar cocido/ embriaga la casa, desde el cuerpo salvaje y sustancial del pescado. Ese ritual funerario que tiene el animal en el sartén: un sonido de réquiem nos seduce frente a la recurrencia del anfitrión, frente al sensato valet de chambre que culmina su ofrenda al lado del comensal.

4.-
El poema comienza en la costumbre de guardar hojas secas. En esa irremediable locura de perfumar el cuarto, de atraer fantasmas y muertos no olvidados. En las fotografías de la familia. En los aromas conservados a fuerza de memoria y tiempo (la casa de Rosana, en Villa de Cura, es esa fiesta donde se mezclan la juventud con la protección de quienes ya forman parte de una estancia sin derroche). Grandes señoras del gusto, de la mesa bellamente vestida, mientras el plato y sus sudores vienen en camino. No es inútil la espera. El discurso del plato tiene semejanza con la lectura de una epifanía. Allí está el secreto y la práctica de esta mujer/ poeta que en su primer libro encuentra la belleza, la pasión piadosa de las pastas olorosas a albahaca,/ con ajo y aceite de oliva. Y que en un arranque de fineza y tradición dice tomar té de jazmín con mis pocos amigos, como aquellas samas de palabra litúrgica. 

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