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HERBARIO, la vuelta a lo ancestral

Posted by Carmen Cristina Wolf en diciembre 9, 2008

Por Luz Marina Rivas

flores-2-blog   Sobre Poemario de Márgara Russotto y Annabelle Aguilar
No es ninguna casualidad que la prístina naturaleza virgen de nuestro planeta vaya desapareciendo a medida que se desvanece la comprensión de nuestra íntima naturaleza salvaje. No es difícil comprender por qué razón los viejos bosques y las ancianas se consideran unos recursos de escasa importancia. No es ningún misterio.
Clarissa Pinkola Estés
Con estas palabras, la psicoanalista Clarissa Pinkola Estés reflexiona acerca de la mujer ancestral perdida en la oscuridad de la no historia de las mujeres, aquella que comprendía los ciclos vitales porque vivía de cerca los partos, cuidaba a los enfermos y preparaba los cadáveres para el entierro; aquella que conocía de hierbas y hallaba en la naturaleza todo lo necesario para aliviar los dolores, combatir las enfermedades del cuerpo y del alma y que resultaba ser para su comunidad una curadora o comadrona, una suerte de alquimista conocedora de los íntimos secretos de las plantas, de cuyos saberes queda la imagen del mítico caldero mágico, símbolo sagrado más tarde degradado con su dueña en la imagen de la bruja.
            Sin embargo, Anabelle Aguilar y Márgara Russotto redescubren en las mujeres de hoy esos antiguos saberes y los transmiten en la lengua de la poesía. Herbario suena como poemario; es un poemario-libro de saberes antiguos de antiguas mujeres que vuelven y se instalan entre nosotras. El redescubrimiento de la albahaca o de la manzanilla y el ajenjo, de la ruda o del hinojo y sus propiedades curativas se hace celebración de la vida, hermandad o sororeidad con las demás mujeres, lo cual se convierte en ritual de encuentro. Así, dicen las poetas:
Eterna Belladona
No se opaca el rayo
atenuado por la cortina.
Las hojas de belladona
son pobres
por sí solas
el perfume mágico
es
con azafrán
            y alcanfor
Así concurren
las mujeres aromadas
en círculo
cada noche
llevando lámparas
con aceite de camelia.
Los poemas no sólo hablan del encuentro con los múltiples recursos de la naturaleza, sino de cómo lo antiguo se reencuentra con la ciencia. El primero de los poemas es un homenaje a Linneo y a su forma de hacer herbarios, que se resuena en las Instrucciones para construir un herbario, atribuido a la curadora a quien se dedica la obra, una comadrona inglesa que se fue a vivir al Caribe con sus once hijos luego de su viudez. Su método de clasificación busca ser útil a cualquiera que pregunte ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cuándo? Recordemos que una de las poetas es bióloga. El poemario reúne a la mujer de ciencia con la amable bruja sanadora. Es ella, la mujer de ciencia, la que elabora un herbario porque en él Era perfecto y continuo el orden/ del universo/ el éxtasis/ de la botánica olorosa y es ella, la comadrona, la que introduce su mano para cambiar la posición podálica del niño y permitirle nacer, restituyendo el orden del universo en ese acto, en “Eclosión del olivo”.
 Sin embargo, también el arte y su paciente elaboración se asemeja a la cuidadosa preparación de los alimentos. Pintar ángeles y cocinar requieren de paciencia y perfección. El arte del hombre-pintor y la cocina de la anónima cocinera se hacen semejantes en “Sopa de cilantro”: Porque tienen la misma música/ una buena sopa de cilantro humeando en la mesa/ y un coro de ángeles en el altar.
            Habla también el Herbario de la compleja vida de las mujeres: sus ancestrales sumisiones en “Humildad de las lentejas”, del trabajo de la partera en “Eclosión del olivo”, del deseo en “Antojo de naranjas”, de la paciencia ante la enfermedad en “Insensibles rododendros”. En ritmo de canción se presenta una receta en “Exorcismo de la ruda”, que es un canto récipe, una receta con ritmo de ensalmo:
En la casa donde hay ruda
no se muere criatura

Se acercó Miguelina
a la planta
que se secó al instante
sólo por ser ella
de salud incierta
así es la ruda
pero
no siempre

Por eso preparo aceite
mientras los demás duermen
(…)

Habla también Herbario de la poesía trabajada como el pan en la cocina. Un hermoso poema, con guiños a Emily Dickinson es el poema “Pan de Jengibre”. Recordemos que la poesía de Dickinson tiene también en la naturaleza un abrevadero de imágenes: abejas, flores, insectos, pájaros y, entre ellos, el petirrojo que regresa en este hermoso poema de Márgara y Anabelle:
Pan de jengibre
Gracias Emily por los libros
llegaron a tiempo
fueron los mejores amigos
del invierno
El cuello de encaje
me queda hermoso
sobre el vestido negro
Me permití hacerle
una puntilla
(…)
Trabajar con esa masa
suave y fuerte
como tus versos
es delicioso
lástima
la falta de melaza
Cuida al petirrojo aquél
el de las estrías oscuras
dale semillas de amapola}con pasta de manzanas
que es su preferida

y protégeme
alúmbrame
retoma mi pertenencia.
Así, parecen decirnos las poetas que sus versos son producto de una alquimia, de la decantación de una viejísima herencia de saber hacer a partir de una conexión íntima con la naturaleza, de la misma manera que la creación poética es resultado de un  proceso alquímico de decantación de las más caras experiencias.
(Fragmento) Leído por Luz Marina Rivas en la presentación de Herbario, el 22 de noviembre de 2006

Fuente: http://literaturayvida.blogsome.com/

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