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ANNA AJMÁTOVA, Soy vuestra voz

Posted by Carmen Cristina Wolf en diciembre 8, 2008

  vigas-obra-20071

                                                    Oswaldo Vigas 2007

Por Alberto Hernández-

 

Anna Ajmátova

SOY VUESTRA VOZ

                                                                                                                              -Alberto Hernández-

 

1.-

Una voz densa contiene el dolor. Un aliento apagado surte de silencio el espacio donde el llanto traduce su presencia. Anna Ajmátova, esa poeta rusa desconocida y alejada, ruda y tierna, en medio de una endemoniada persecución, nos vista para entregarnos Soy vuestra voz (La liebre libre).

Belén Ojeda, músico, poeta y traductora venezolana, aventajada habitante de aquella Moscú de algunos años, nos la trae en esta versión directa del idioma de Tolstoi, libre de artificios de lengua de tamiz: directa y cálida desde el acento de las estepas. Ajmátova sufrió los rigores del déspota, del tirano que se la jugó para quedar en la historia como una sombra.      

 

2.-

La poesía de Anna Ajmátova es una zona del tiempo. Esa historia hirió con creces la rebeldía artística de la vieja Rusia, la creciente y creadora disidencia de los últimos días de la llamada temporada stalinista. Se rebeló al lado de los nombres que luego fueron desapareciendo bajo el barro del crimen: todos –sin dejar de guardar los días- fueron silenciados, unos con la muerte, otros con el enclaustramiento: Ossip Mandelshtam, Vladimir Nerbut, Nicolai Gumiliov, Serguei Gorodietsky, con quienes hizo causa común en el llamado movimiento acmeísta (bien lo señala Belén Ojeda en el texto de presentación del libro).

La lectura de Ajmátova estremece. Lectura que es para los adentros, para ese intimismo que ella escancia en la página y que es producto de lo que le acontece, de lo que la hace realidad. Textos que nos conmueven vallejianamente, por se tono individual, frenético, y además lanzado hacia el misterio de un dios a quien el poema se le envía en plegaria, oración, réquiem.

No estamos frente a una poesía cuyo riesgo nos embate. Ya el riesgo fue corrido con la vida. El poema es sólo el registro, la herida, la pregunta sorda, la respuesta hueca.

 

3.-

No es fácil leer el dolor. No es fácil traducirlo. Los dos temas extremos de la poesía –el dolor y el amor- son dos fuentes que delinean conductas lectoras. La profundidad de la palabra, la estética del desgarramiento, pertenecen a poetas que han arribado a la superioridad, al conocimiento pleno de imágenes que no fueron creadas desde la labor poemática, sino desde la noche misma, desde el miedo a perder la sombra: Así como la sombra quiere desprenderse del cuerpo,/ así como la carne quiere separarse del alma,/ así como quiero yo ahora ser olvidada, hasta la muerte, la absoluta memoria convertida en desgano, en despedida. 

 

4.-

Este libro de Anna Ajmátova nos coloca en una encrucijada. Al tenerlo en la manos nos traduce el título, nos convoca a ser parte de sus agonías, de sus heridas, de sus llagas. Al abrirlo, un miedo desconocido nos invade. Y es miedo al texto, temblor que nos conduce a cerrarlo para pensarlo, borrarlo, imaginar que estamos frente a una totalidad intensa, terrible. Libro que marca porque, definitivamente, no se posee la suficiente fuerza para dejar de sentirlo, enjugarlo en la verdad fresca y deslucida a la vez. Anna Ajmátova es parte de esos nombres que desaparecieron en medio de purgas y persecuciones. Es la poesía de una mujer que se nos acerca al dolor para que toquemos sus carnes, su sombra desleída, esa parte del cuerpo que es el espíritu. Esta es una lectura que escuece.

 

5.-

La locura me ha cubierto/ la mitad del alma con un ala,/ escancia para mí su vino ardiente/ y me llama a un oscuro valle. La cordura, la calma y la tensión. Textos que tienen a Dios de su lado, a los crucificados, a los abaleados, a los ahorcados , a los encerrados, a los violados, a los acuchillados,. Especie de Sermón de la Montaña, pero con la diferencia de que quien habla es el dolor y no el perdón, aunque Anna Ajmátova es la fórmula para entender que dentro del profundo dolor hay un perdón en las últimas palabras de consuelo.

 

 

Alberto Hernández. Poeta, narrador, periodista y pedagogo venezolano (Calabozo, 1952). Tiene un postgrado en literatura latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar y fue fundador de la revista Umbra. Ha publicado los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Bestias de superficie (1993), Nortes (1994) e Intentos y el exilio (1996). Además ha publicado el ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981), el libro de cuentos Fragmentos de la misma memoria (1994) y el libro de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999). Reside en Maracay, estado Aragua, Venezuela, donde dirige el suplemento cultural Contenido, que circula en el diario El Periodiquito.

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